Paula ist ein aufgewecktes, neugieriges und keineswegs schüchternes Mädchen. Ein blonder Lockenkopf, der seine Welt erkundet und dabei Mamas, vor allem aber Papas Geduld und Nerven nicht selten strapaziert. Ohne Frage war Paula ein Wunschkind, und als der Geburtstermin näher rückte, konnten es ihre Eltern kaum erwarten, ihren Schatz in den Armen zu halten. An einem heißen Sommertag, dem 15. Juli, war es endlich soweit. Paula hatte ihren ersten großen Auftritt und den wollte sie schnell über die Bühne bringen. Die Fahrt zum Krankenhaus dauerte ihr zu lange und sie erblickte das „Licht der Welt” auf dem Rücksitz von Papas neuem Skoda. Sie brachte ihren Papa zum ersten Mal dazu: „Oh mein Gott, was soll das bloß werden!” zum Himmel zu schreien. Danach übernahm das Schreien erst einmal Paula. Wenn Papa je geglaubt haben sollte, dass seine Prinzessin ein ruhiges, folgsames Mädchen sein würde, war er auf dem Holzweg. Was Paula im Kindergarten sah, hörte und lernte, das wurde zu Hause ausprobiert. Die Zeit der Fragestunden begann. Wie? Warum? Wieso? Das Wort „Nein” mochte Paula nicht. Deshalb hörte man sie sehr oft rufen: „Ich will aber!” Oder: „Ich kann das schon!” Paula glaubte fest daran, dass sie alles irgendwie richtig machte, und tat es mit Begeisterung. Ich möchte mich bei Paula bedanken, ohne sie würde es dieses Büchlein nicht geben. Ihnen, liebe Leser, wünsche ich nun viel Freude …
Karin Selest Bücher



„Bis zur Hochzeit ist alles wieder gut.“ Das flüsterte mir Oma ins Ohr, wenn ich mich beim Spielen verletzt hatte, oder unendlich traurig war, weil mich meine Eltern wieder einmal nicht verstehen wollten. Omas tröstende Worte halfen zum Glück. Heute weiß ich, dass es mit einer Hochzeit kaum getan ist und dass es Eltern schwer haben, ihre Kinder immer zu verstehen. Doch die wohl wichtigste Erfahrung, die ich gemacht habe, ist, dass der Weg des Lebens, den wir alle gehen, nicht nur ebenmäßig verläuft. Des Öfteren stolpern wir über felsiges Geröll oder verirren uns im Nebelschleier der Gefühle und jeder muss für sich seinen Weg finden. Zehn Episoden und die Ballade am Ende des Buches erzählen von berührenden Schicksalen und tiefgreifenden Lebensentscheidungen.
Paula es una niña despierta, curiosa y que carece de timidez. Una niña de pelo rubio y rizado que explora el mundo poniendo a prueba y agotando la paciencia de mamá y sobre todo de papá con demasiada frecuencia. Sin duda, Paula fue una niña muy deseada. Sus padres apenas podían contener las ganas de sostener a su tesoro entre los brazos a medida que se acercaba la fecha de su nacimiento. Finalmente, vio la luz de sol el 15 de julio, en un caluroso día de verano. Paula hizo su primera gran actuación y, rápidamente, quiso triunfar sobre el escenario. El viaje al hospital se le hizo demasiado largo y vino al mundo en el asiento trasero del nuevo Skoda de papá. Consiguió que su padre exclamara por primera vez mirando al cielo — ¡Dios mío! ¿Qué será eso?— A continuación, fue Paula la que se encargó de berrear. Su padre estaba totalmente equivocado si pensaba que su princesa sería una muchacha tranquila y obediente. Todo lo que Paula vio, oyó y aprendió en la guardería, lo puso en práctica en casa. Empezó la época de las preguntas. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿De qué manera? A Paula no le gustaba la palabra “no”, por este motivo, se le oía a menudo gritar: — ¡Pero es que yo quiero! ¡Sí que puedo!" Paula estaba convencida de que, de algún modo, todo lo hacía bien, y todo lo hacía con gran entusiasmo. Astrid Lindgren, una de mis escritoras favoritas es, se dio cuenta de que los niños perciben el mundo que les rodea con sus propios ojos. Del mismo modo que Astrid ha conservado su infancia, sueño con regresar a vivirla a través de mis libros. Mi deseo es llevar a los lectores a recordar la que probablemente sea una de las etapas más bonitas de la vida junto a sus hijos y nietos y, al mismo tiempo, a ver el mundo, aunque sea solo por un momento, otra vez desde los ojos de un niño. Cumplir con ese objetivo sería una gran satisfacción para mí.