Späte Spiele
- 491 Seiten
- 18 Lesestunden
Dieser Autor, dessen Familie 1960 aus Extremadura nach Madrid emigrierte, musste schon in jungen Jahren durch verschiedenste Tätigkeiten seinen Lebensunterhalt bestreiten, insbesondere als Lehrer für Flamenco-Gitarre. Sein literarisches Schaffen zeichnet sich durch einen einzigartigen Dialog zwischen Fantasie und Realität aus, der in der Tradition Cervantes' steht. Sein erstes erfolgreiches Werk, das diese Verbindung thematisierte, wurde mit bedeutenden Literaturpreisen ausgezeichnet. Später veröffentlichte er weitere Romane und Artikel, die sein tiefes Interesse an Sprache und Literatur widerspiegeln und seinen charakteristischen Stil prägten.






Ein humorvoller Roman über zwei alternde Herren, die in einer abgelegenen spanischen Provinz den Alltag hinter sich lassen und die Rückkehr zur Natur erleben. Der kunstvoll komponierte Text war ein Jahr auf den Bestsellerlisten in Spanien.
Absurde Hoffnungen bestimmen die ungewöhnlichen, tragikomisch verflochtenen Schicksale der Menschen in einer spanischen Kleinstadt.
Matías Moro, ein alternder Junggeselle und Prokurist, wird unfreiwillig zum Anführer eines Unternehmens. Er zeigt auffällige Ähnlichkeiten zu seinem berühmten Landsmann Don Quijote. Durch ungewöhnliche Umstände lernt Matías eine viel jüngere Frau namens Martina kennen, die gerade das Mädchenalter hinter sich gelassen hat. Die Gründung der Firma soll vor allem seinem schlechten Gewissen dienen, da er fürchtet, bei Martina und ihrer bedürftigen Familie falsche Hoffnungen geweckt zu haben. Matías kann sich trotz des Altersunterschieds keine gemeinsame Zukunft mit ihr vorstellen, möchte ihr jedoch einen menschenwürdigen Arbeitsplatz bieten – nicht nur für sie, sondern auch für viele ihrer unterprivilegierten Freunde. So hofft er, bald sein eintöniges Junggesellenleben wieder aufnehmen zu können. Zu Matías’ Überraschung zeigen seine eigenbrötlerischen Kollegen großes Interesse an dem Plan. Gemeinsam stürzen sie sich nach Büroschluss mit Begeisterung in die Herausforderung, die ihnen die Erfüllung ihrer geheimsten Wünsche verspricht. In den besten Momenten erheben sich ihre Träume von Effizienz und Branchenführerschaft über die harte Realität des Alltags, ähnlich wie in den Filmen des großen Federico Fellini.
Tras el éxito prolongado de Lluvia fina, Luis Landero retoma la memoria y las lecturas de su particular universo personal donde las dejó en El balcón en invierno. Y lo hace en este libro memorable, que vuelve a trenzar de manera magistral los recuerdos del niño en su pueblo de Extremadura, del adolescente recién llegado a Madrid o del joven que empieza a trabajar, con historias y escenas vividas en los libros con la misma pasión y avidez que en el mundo real. En El huerto de Emerson asoman personajes de un tiempo aún reciente, pero que parecen pertenecer a un ya lejano entonces, y tan llenos de vida como Pache y su boliche en medio de la nada, mujeres hiperactivas que sostienen a las familias como la abuela y la tía del narrador, hombres callados que de pronto revelan secretos asombrosos, o novios cándidos como Florentino y Cipriana y su enigmático cortejo al anochecer. A todos ellos Landero los convierte en pares de los protagonistas del Ulises, congéneres de los personajes de las novelas de Kafka o de Stendhal, y en acompañantes de las más brillantes reflexiones sobre escritura y creación en una mezcla única de humor y poesía, de evocación y encanto. Es difícil no sentirse transportado a un relato contado junto al fuego.
Una voz anónima, surgida de uno de esos grupos que asisten ociosos al espectáculo de las vidas ajenas, reconstruye un suceso en el que cinco destinos privados se van poco a poco entrelazando hasta convertirse en uno solo, colectivo: Esteban, el inocente, descubre de pronto el fascinante mundo del dinero, el lujo y el poder, y se empeñará a su manera en hacerse rico y poderoso; el pequeño Luciano, como para culminar el fervor religioso en el que le educaron, descubre el amor, un amor imposible, que sólo encontrará descanso en su plenitud; Belmiro, el viejo ilustrado, tras una vida de estudio, se topa de golpe con la irracionalidad de las pasiones; don Julio, comerciante de mercería, detecta un día en sí mismo insólitas dotes para convertirse en líder político; y Amalia se debate entre el amor transgresor hacia un adolescente y el afecto sereno que le ofrece un hombre otoñal. La fatalidad convierte estas vidas en una aventura existencial azarosa en la que, como en las antiguas Ruedas de la Fortuna, la ruina y la muerte, el amor y la gloria, se entrecruzarán de forma tragicómica.
Marcial es un hombre exigente, con don de palabra, y orgulloso de su formación autodidacta. Un día se encuentra con una mujer que no solo le fascina, sino que reúne todo aquello que le gustaría tener en la vida: buen gusto, alta posición, relaciones con gente interesante. Él, que tiene un alto concepto de sí mismo, es de hecho encargado en una empresa cárnica. Ella, que se ha presentado como Pepita, es estudiosa del arte y pertenece a una familia adinerada. Marcial necesita contarnos su historia de amor, el despliegue de sus talentos para conquistarla, su estrategia para desbancar a los otros pretendientes y sobre todo qué ocurrió cuando fue invitado a una fiesta en casa de su amada.
Tras mucho tiempo sin apenas verse ni tratarse, Gabriel decide llamar a sus hermanas y reunir a toda la familia para celebrar el 80 cumpleaños de la madre y tratar así de reparar los viejos rencores que cada cual guarda en su corazón, y que los han distanciado durante tantos años
Emilio, un adolescente obligado a trabajar por las mañanas como aprendiz de mecánico en un oscuro taller y a estudiar por las tardes en una academia, vive esos años decisivos como un laberinto de instantes, de promesas; en sus encuentros con los tipos a los que su madre alquila una habitación. Pero, un día, aparece su primo Raimundo, que vuelve de París y le cuenta sus éxitos como guitarrista de flamenco. Emilio se deja arrastrar por el señuelo de la vida bohemia que este le promete y aprende a tocar la guitarra con la esperanza, que no la convicción, de escapar del taller y las clases. Lo que no puede imaginar es que su recién adquirida pericia con las cuerdas le pondrá en contacto con la mujer de su patrón, Adriana, una joven despampanante y extrañamente fatal, a quien se ve obligado a dar clases de guitarra. Emilio intuye que su vida puede caer en una trampa aun más traicionera que la del propio taller, pero gustoso acepta por una vez el reto que se le presenta. Con El guitarrista , los lectores percibirán una inflexión, tal vez un nuevo registro, en la trayectoria literaria de Luis Landero que, de por sí, nos reserva alguna grata sorpresa anadida a la calidad y gratificacion a que nos tiene acostumbrados: la coincidencia inicial que acerca de un modo asombroso el autor al narrador que cuenta, desde la madurez, sus años de formación.
En la habitación de un hospital, y en el curso de la que muy probablemente sea su última noche en este mundo, un hombre de unos 65 años le cuenta a alguien, y también a sí mismo, la historia de su vida. Dejándose llevar por el azar de la memoria y la fluidez de su propio relato, va y viene en el tiempo, rescatando, con no poco humor, las pequeñas y más significativas aventuras que vivió y que vio vivir. Porque a este hombre le ha gustado mirar siempre el espectáculo del mundo tanto o más que participar en él. Pero, como todos, conoció el amor, el sabor agridulce de la libertad, el poder, el horror, la belleza, la amistad, el absurdo, la doble conciencia y, en fin, todos los ingredientes de que está hecha la vida. Y no sólo cuenta, sino que al hilo de cada episodio busca algún sentido al viejo misterio de vivir, ahora que no hay tiempo ya de engañarse ni de rectificar. Como quien manipula las piezas para formar un puzzle, se enlazan el rápido curso vital y los remansos reflexivos, el bullir inagotable de personajes y peripecias casi siempre cómicas o kafkianas, para trazar el perfil de un hombre sesudo y a la vez infantil, responsable y a la vez arbitrario, bueno a la vez que inmoral: un retrato del hombre contemporáneo.